Qué es un trillo y para qué servía
El trillo es un apero de labranza tradicional usado en la era para la trilla: la operación de separar el grano de la paja una vez segada la mies. Consistía en una o dos tablas de madera, a menudo curvadas hacia arriba por delante como un trineo, con la cara inferior erizada de piedras de sílex —y, en algunos tipos, de cuchillas de hierro— incrustadas a mano. Arrastrado por una caballería o por bueyes y con una persona de pie sobre él para dar peso, el trillo giraba sobre la parva de cereal extendida en la era, y sus piedras cortaban la paja y desgranaban las espigas.
Es, por tanto, una pieza de cultura material agraria, un objeto de etnografía rural que pervivió casi sin cambios desde la Antigüedad hasta que la trilladora mecánica lo dejó obsoleto a mediados del siglo XX. Hoy se valora como objeto decorativo y de coleccionismo etnográfico, colgado en la pared o convertido a veces en mesa, y ahí empiezan las confusiones, porque el trillo se reproduce con fines puramente ornamentales.
Cómo está hecho y cómo identificar uno antiguo
Un trillo de uso real se reconoce por su construcción y por el desgaste del oficio:
- Las piedras de sílex: el rasgo definitorio. Son lascas de pedernal incrustadas a presión en agujeros de la madera, dispuestas en hileras. En una pieza de uso, muchas están gastadas, pulidas por el roce o perdidas, dejando los huecos.
- La madera: tablas gruesas, a menudo de varias piezas ensambladas, con la pátina y las grietas propias de décadas de trabajo y de intemperie en la era.
- El frente curvado: la parte delantera se levanta para deslizar sobre la parva sin clavarse; suele llevar un enganche o agujeros para el tiro de la caballería.
- Las cuchillas de hierro: algunos tipos, además o en lugar del sílex, llevan ruedecillas o cuchillas dentadas de hierro; el óxido y el desgaste coherentes indican antigüedad.
Cómo datarlo y separarlo de la reproducción
La datación de un trillo es aproximada: es un tipo de objeto muy estable, así que se sitúa por la técnica, los materiales y, sobre todo, las huellas de uso, no por una fecha. Lo decisivo es distinguir la pieza de trabajo de la decorativa:
- Trillo de uso (XIX–mediados del XX): sílex gastado y parcialmente perdido, madera con pátina y grietas, hierros oxidados; el reverso cuenta su historia de era.
- Reproducción decorativa: piedras nuevas y completas, demasiado regulares y sin desgaste, madera tratada o envejecida artificialmente y, a veces, sílex pegado en lugar de incrustado.
- El montaje rústico: tableros recompuestos o adaptados a mesa con barniz moderno, donde lo antiguo se mezcla con añadidos nuevos.
En un trillo, la verdad está en la cara de las piedras. Un ejemplar de uso muestra el sílex gastado, pulido por el roce y con bastantes piezas perdidas, encajado a presión en la madera; las reproducciones decorativas suelen tener piedras nuevas, intactas, demasiado uniformes y a veces simplemente encoladas en la superficie en vez de incrustadas. La madera también habla: la pátina y las grietas de décadas de era no se improvisan. Dale la vuelta antes de comprar.
Qué determina su valor
El valor de un trillo depende de su autenticidad como pieza de uso, la conservación de las piedras y la madera, el tipo y el atractivo decorativo. Un trillo antiguo, con buena parte de su sílex original, madera con pátina sana y el frente curvo íntegro, está por encima de una reproducción o de un montaje recompuesto. Suman la integridad del tablero, una buena densidad de piedras conservadas y los tipos con cuchillas de hierro bien resueltos; restan las grandes pérdidas de sílex, las roturas de la madera, los barnices modernos y las adaptaciones a mesa que desvirtúan la pieza. Es, en cualquier caso, objeto de etnografía de valor moderado, sostenido sobre todo por la demanda decorativa rústica.
Conservación y uso
La madera de un trillo suele venir de años de intemperie, así que conviene estabilizarla en un ambiente seco para frenar grietas y ataques de carcoma; un tratamiento antixilófagos discreto es prudente si hay signos de insecto. Se limpia el polvo en seco, con cepillo suave, respetando la pátina; no conviene barnizar ni lijar, porque eso borra el carácter y delata la mano moderna. Las piedras de sílex sueltas pueden reasentarse con cuidado, pero no deben sustituirse por piedras nuevas que falseen la pieza. Colgado en pared, hay que asegurar bien su peso; convertido en mesa, pierde valor como objeto etnográfico aunque gane uso.
El trillo es un apero de era con la cara inferior erizada de sílex; su autenticidad se lee por el reverso. Sílex gastado y parcialmente perdido, incrustado a presión, y madera con pátina real frente a piedras nuevas y uniformes simplemente pegadas. El valor lo mandan la integridad y las huellas del oficio; barnizarlo o adaptarlo a mesa lo desvirtúa.