Qué es una columna de alabastro y para qué servía
La columna de alabastro es un pedestal de salón: una columna exenta, normalmente de entre noventa centímetros y poco más de un metro, pensada para sostener en su parte alta un busto, un jarrón, una escultura o una planta de interior. Fue un mueble decorativo muy del gusto burgués del siglo XIX y de principios del XX, cuando la moda del salón clasicista llenó las casas acomodadas de columnas, peanas y pedestales que elevaban y dignificaban un objeto ornamental.
El material le da el nombre y buena parte del encanto. El alabastro es una piedra blanda y translúcida —en mineralogía, una variedad de yeso cristalino— que se talla con facilidad y, sobre todo, deja pasar la luz, lo que produce un efecto cálido y luminoso muy distinto del frío del mármol. Esa translucidez es su rasgo más característico y, como veremos, la mejor pista para identificarlo.
Cómo está hecha y cómo identificar el alabastro
Lo primero, y lo más importante, es saber distinguir el alabastro de los materiales con los que se confunde:
- La translucidez: el alabastro deja pasar la luz. Si acercas una linterna o una vela a un borde fino, la piedra se ilumina con un resplandor cálido; el mármol, en cambio, es opaco.
- La dureza: el alabastro es blando —se raya con relativa facilidad— frente a la dureza del mármol. Por eso suele presentar desconchados y desgastes en aristas y molduras.
- La veta: tiene vetas suaves, nubosas y onduladas, a menudo en tonos miel, ámbar o blanco lechoso, distintas del veteado más marcado y geométrico de muchos mármoles.
- El tacto y la temperatura: la piedra natural, mármol o alabastro, se siente fresca al tacto y es pesada; la resina o el escayolado imitando piedra es más tibia, más ligera y suena a hueco.
Cómo datarla y separar la piedra de la imitación
La datación de una columna se apoya en la técnica de talla, el desgaste y el tipo de material, ya que estas piezas no van firmadas. La gran distinción es piedra natural frente a imitación:
- Alabastro tallado del XIX–XX: piedra natural, translúcida, con desgaste coherente en aristas y base; lo propiamente antiguo.
- Mármol: también noble y antiguo, pero opaco y más duro; columnas de mármol y de alabastro convivieron en los mismos salones, y conviene no confundir el material al describir la pieza.
- Resina, escayola y aglomerados: imitaciones modernas que copian la forma. Delatan su naturaleza por la ligereza, la falta de frescor al tacto, el sonido hueco y, a menudo, marcas de molde o burbujas.
La forma más sencilla de confirmar el alabastro es la prueba de la luz: en una zona fina —el borde del capitel o de la base—, acerca una linterna por detrás. Si la piedra se enciende con un resplandor cálido y translúcido, es alabastro; si permanece opaca y fría, probablemente sea mármol; y si es ligera, tibia y suena a hueco, es resina o escayola. Esta sencilla comprobación evita el error más común: vender alabastro como mármol o pagar por piedra lo que es una imitación.
Qué determina su valor
El valor de una columna de alabastro depende del material real, la calidad de la talla y la veta, el estado y la presencia de pareja. Una columna de alabastro de buena piedra, con veta atractiva, fuste bien torneado y pocos daños, está por encima de una pieza manchada y desconchada o de una imitación de resina. Suman la pareja completa —los pedestales solían venderse en pares—, la veta luminosa y el buen estado de aristas y molduras; restan los desconchados grandes, las roturas del fuste, las manchas penetradas y las restauraciones de relleno. Conviene recordar que es un mueble decorativo de demanda contenida: muy estético, pero de valor moderado salvo en piezas finas o en pareja.
Conservación y uso
El alabastro es delicado precisamente por su blandura y su porosidad. Es soluble en agua a largo plazo y muy sensible a las manchas: no debe fregarse con agua abundante ni con productos ácidos o abrasivos, que lo corroen y apagan el pulido. Se limpia el polvo en seco con un paño suave y, como mucho, una gamuza apenas humedecida y bien escurrida. Conviene protegerlo de golpes en las aristas, evitar apoyar objetos que rezumen líquidos o tinte, y no exponerlo a la intemperie. Una mancha penetrada en alabastro es muy difícil de eliminar, así que la prevención es la mejor conservación.
El alabastro no es mármol: es una piedra blanda y translúcida que se enciende a contraluz. Esa prueba de la luz lo identifica y evita confundirlo con el mármol opaco o con la resina ligera. El valor lo mandan la calidad de la piedra, el estado de las aristas y que haya pareja. Nunca lo laves con agua abundante ni con ácidos.