Qué es una romana y cómo funciona
La romana es una balanza de brazos desiguales: una palanca de hierro o latón con un punto de apoyo muy descentrado, del que cuelga la carga por el brazo corto mientras una única pesa móvil —el pilón— se desliza por el brazo largo hasta equilibrarla. No necesita un juego de pesas como la balanza de platillos: con un solo contrapeso pesa desde unos gramos hasta cargas considerables, según hasta dónde haya que correrlo. Esa economía es la razón de su éxito durante siglos en mercados, almazaras, graneros y cocinas.
El nombre, pese a la apariencia, no remite a la Antigüedad clásica de forma directa en español: «romana» designa este tipo concreto de balanza de brazo, frente a la balanza de cruz simétrica. El instrumento es antiquísimo —se usaba ya en el mundo romano, de ahí el parentesco—, pero las piezas que hoy se encuentran en el mercado de antigüedades son, casi siempre, de los dos o tres últimos siglos.
Las partes: brazo, pilón, ganchos y fieles
Saber nombrar las partes es lo que permite valorar una romana y detectar lo que le falta:
- El brazo o astil es la barra graduada. Suele llevar dos o tres escalas en caras distintas, cada una con su punto de suspensión, para cubrir rangos de peso diferentes.
- El pilón es la pesa deslizante, de hierro o bronce, a veces con forma de bellota, pera o figura. Es la pieza que más se pierde o se sustituye, y una romana sin su pilón original pierde sentido y valor.
- Los ganchos y la cadena sostienen la carga: un gancho simple, un par de ellos o un platillo colgado. Los puntos de suspensión —los fieles— son las anillas de las que se cuelga la romana para cada escala.
Cómo identificar y datar una romana antigua
Para separar una romana de trabajo de una reproducción decorativa o de un montaje incompleto, conviene mirar cuatro cosas:
- La coherencia del conjunto: el pilón debe corresponder a la escala del brazo; si la pesa es de otra romana, los números no cuadran y la pieza es un matrimonio.
- La forja: el hierro antiguo muestra marcas de martillo, remaches manuales y una superficie irregular; las reproducciones suelen tener barras de sección demasiado regular y soldadura moderna.
- Las escalas: las cifras grabadas o cinceladas a mano, con desgaste lógico en las zonas más usadas, delatan uso real. Numeraciones impresas o estampadas en serie apuntan a fabricación industrial tardía o decorativa.
- Los punzones: algunas romanas llevan marca del fiel contraste —la verificación oficial de pesas y medidas—, un dato que ayuda a situar origen y época.
La pesa deslizante no es un accesorio: es la mitad del instrumento. Una romana sin pilón, o con un pilón ajeno cuyo peso no corresponde a la graduación del brazo, no pesa correctamente y vale mucho menos. Antes de comprar, comprueba que la pesa y las escalas hablan el mismo idioma.
Qué determina su valor
El valor de una romana depende, por este orden, de que esté completa y coherente, de la calidad del trabajo y de su antigüedad. Una romana de hierro corriente, de uso doméstico, es una pieza decorativa modesta y abundante. Suben de precio los ejemplares grandes de almazara o báscula de mercado, los de latón bien trabajado, los que conservan pilón figurado o punzón de contraste y los acompañados de su soporte o pie original. Restan valor la oxidación severa que ha comido los números, los ganchos sustituidos y, sobre todo, la falta del pilón.
Conservación
El hierro forjado se conserva mejor seco y estabilizado: basta retirar el óxido suelto con un cepillo suave y aplicar una capa muy fina de cera o aceite para frenar la corrosión, sin pulir hasta dejar el metal desnudo, que aceleraría el problema. Las escalas grabadas no deben lijarse: borrarlas destruye lo que hace legible —y valiosa— la pieza. El latón, si lo hay, se limpia con suavidad respetando la pátina.
Una romana vale por su integridad: brazo legible, pilón original que cuadra con la escala y ganchos sin sustituir. La pesa deslizante es la pieza crítica; sin ella, el instrumento queda en mero adorno.