Qué es una consola dorada y qué función cumplía
La consola es una mesa de arrimo pensada para apoyarse contra la pared, sin destino de comedor ni de trabajo: su papel es decorativo y de aparato. Suele colocarse bajo un espejo o una cornucopia, en el recibidor o el salón, para sostener un reloj, un candelabro o un jarrón y reflejar la luz. La versión dorada —de madera tallada y recubierta de oro— es la más suntuosa: nació en el gran mobiliario cortesano de los siglos XVII y XVIII y se mantuvo como pieza de prestigio en los salones burgueses hasta bien entrado el siglo XX.
Su atractivo y su precio dependen de una distinción que mucha gente pasa por alto: no todo lo que reluce es oro. Hay consolas doradas al oro fino, con pan de oro auténtico aplicado sobre un aparejo tradicional, y hay consolas purpurinadas o pintadas con dorados modernos, que imitan el efecto a una fracción del coste y del valor. Aprender a separar una de otra es lo primero que hay que hacer ante una consola "dorada".
Cómo está hecha: talla, aparejo y oro
El dorado tradicional es un oficio por capas, y conocerlo permite reconocer la calidad de la pieza:
- La talla: se labra en madera blanda —pino, tilo, álamo—, fácil de tallar, con motivos de hojas, volutas, veneras o roleos según el estilo. La finura del tallado marca la categoría del mueble.
- El aparejo: sobre la madera se da una capa de yeso y cola (el estuco) que se lija hasta dejar una superficie perfecta; es la base del dorado fino.
- El bol: bajo el oro se aplica el bol, una arcilla fina normalmente roja —a veces ocre—, que da calidez al oro y permite bruñirlo. Donde el dorado se ha desgastado asoma ese rojo característico: es la mejor prueba de un dorado al agua auténtico.
- El pan de oro: finísimas láminas de oro que, bruñidas con piedra de ágata, dan un brillo espejado inimitable; las zonas mate y brillante alternan según el efecto buscado.
Cómo datar la consola y distinguir el oro de la purpurina
La datación cruza el estilo de la talla con la técnica del dorado y el estado de la madera. Y la prueba decisiva es siempre la del oro:
- El bol rojo en los desgastes: si en las aristas y relieves más expuestos el dorado deja ver una capa de arcilla roja y, bajo ella, el yeso blanco, estás ante dorado al agua tradicional. Si bajo el "oro" asoma directamente pintura o madera, es purpurina o dorado moderno.
- El brillo: el oro bruñido tiene un fulgor profundo y cálido que alterna con zonas mate; la purpurina da un brillo metálico frío, verdoso o amarillento, y se oxida y apaga con los años.
- El estilo: la exuberancia rococó, la contención neoclásica o el eclecticismo del XIX sitúan la pieza; pero el estilo solo confirma la época si la talla y el dorado lo acompañan.
- La construcción: ensambles a mano, madera envejecida, aparejo agrietado de forma natural y un mármol coherente apuntan a antigüedad.
Pocas consolas conservan intacto su dorado original. Muchas se han redorado a lo largo del tiempo, y aquí hay una jerarquía clara: un redorado al oro fino y bien hecho conserva buena parte del valor; un "arreglo" con purpurina, bronceado o pintura dorada lo hunde, porque sustituye el oro por un sucedáneo. Mira las zonas de desgaste y los recovecos de la talla: ahí se descubre si bajo la superficie hay oro y bol o simple pintura. Un redorado purpurina sobre una buena talla antigua es el caso más frecuente y el que más confunde al comprador.
Qué determina su valor
El valor de una consola dorada depende de la calidad y antigüedad de la talla, del tipo de dorado, del estado y de que conserve su mármol. Una consola del XVIII o de buen estilo, de talla fina, dorada al oro auténtico —original o bien redorada— y con su mármol de origen, está en lo alto. Restan valor las grandes pérdidas de dorado, el repintado con purpurina, los mármoles repuestos o rotos y las roturas de la talla. Suman la finura del tallado, el dorado al agua bruñido, el mármol original y la pareja. La consola de talla industrial y dorado moderno ocupa la franja decorativa.
Conservación
El dorado es la parte más delicada del mueble: no se limpia con agua ni con productos, que disuelven la cola del aparejo y arrastran el oro; basta un plumero suave o un pincel seco para el polvo de la talla. La madera dorada sufre con la sequedad de la calefacción y la humedad, que agrietan y desprenden el aparejo —los pequeños "saltados" del estuco—; conviene un ambiente estable. No se debe nunca retocar las pérdidas con purpurina casera: cualquier intervención sobre un dorado de calidad es trabajo de un dorador-restaurador. El mármol se protege de golpes y manchas, porque sustituirlo desvirtúa el conjunto.
La diferencia entre una consola valiosa y una decorativa está en el oro: busca el bol rojo y el yeso bajo el dorado desgastado para confirmar el oro fino al agua, y desconfía del brillo frío de la purpurina. Talla fina, dorado auténtico y mármol original son lo que manda; no retoques nunca las pérdidas por tu cuenta.