Qué es una consola del XIX y qué lugar ocupaba
La consola es una mesa de arrimo: un mueble pensado para colocarse contra la pared, sin uso de comedor, cuya función es a la vez práctica y decorativa. Sostiene un sobre —a menudo de mármol— sobre el que se disponían relojes, candelabros, jarrones o un reloj de sobremesa, y se coronaba casi siempre con un espejo o una cornucopia colgada encima, formando un conjunto de salón. En el siglo XIX fue un mueble central del recibidor y la sala principal de la casa burguesa, y por eso se produjo en abundancia y en muchos estilos.
El XIX es un siglo de estilos sucesivos, y reconocerlos ayuda a datar la consola: el Imperio y el fernandino de principios de siglo, con caobas, bronces y líneas severas; el isabelino de mediados, más recargado, con talla, palosanto y a veces dorados; el Luis Felipe francés, de curvas suaves. Situar el estilo es el primer paso para valorarla, aunque el gran reto está en distinguir la pieza de época de la imitación posterior.
Cómo está hecha: estructura, sobre y dorados
Una consola de calidad reúne ebanistería, talla y a veces dorado y marmolería:
- La estructura: el armazón de madera, con dos o cuatro patas y a menudo una chambrana o travesaño bajo que las une, rematada por una entrecalle o cajón.
- La madera y el chapado: caoba, nogal, palosanto y maderas finas, macizas o en chapa sobre un alma más humilde; la calidad de la veta y del chapado marca la categoría.
- El sobre de mármol: muchas consolas del XIX llevan tablero de mármol —blanco, gris, rojo, jaspeado— con la moldura del canto trabajada. Es una pieza clave y frágil que conviene revisar.
- La talla y el dorado: frentes y patas tallados con volutas, hojas y veneras, a veces con partes doradas al agua. En las consolas más ricas, el dorado es parte esencial del efecto.
Cómo datarla: de época o de estilo
El gran problema de valoración de la consola es distinguir una pieza de época del XIX de un mueble "de estilo" hecho después a su imitación, muy abundante porque estos modelos se reprodujeron sin descanso en el XX.
- El desgaste y la pátina coherentes: una consola de siglo y medio muestra desgaste lógico en los cantos, los pies y la zona de roce con la pared, y una pátina de la madera difícil de fingir.
- La factura y las uniones: ensamblajes a mano, traseras de tabla, clavos forjados y huellas de herramienta antigua frente a contrachapados, tornillería moderna y cortes mecánicos.
- El chapado y la talla: el chapado de sierra grueso y la talla viva a gubia frente al chapado fino uniforme y la talla mecánica o moldeada de las reproducciones.
- El mármol y el dorado: un mármol original tiene desgaste y a veces reparaciones coherentes; el dorado al agua antiguo, bruñido y desgastado en las aristas, se distingue de la purpurina y la pintura dorada modernas.
Es la trampa central de la consola. Una consola "estilo isabelino" o "estilo Imperio" fabricada en el siglo XX es un mueble de estilo, decorativo y a veces de buena factura, pero sin el valor de un original del XIX. Y dos cautelas más: el sobre de mármol es lo que más se rompe y se sustituye, así que conviene comprobar si es el original o un reemplazo posterior, lo que afecta al valor; y el dorado repintado con purpurina rebaja mucho una consola dorada frente a la que conserva su dorado al agua. Ante una pieza de valor aparente, la opinión de un anticuario especializado en mueble del XIX ahorra disgustos.
Qué determina su valor
El valor de una consola del XIX depende de su época real, la calidad de la ebanistería, la talla y el dorado, la integridad del conjunto —incluido el mármol original— y su estilo y atractivo. Suman la datación firme en el XIX, la madera fina bien chapada, la talla rica, el dorado al agua original, el sobre de mármol propio y, muy especialmente, conservarse con su espejo o cornucopia a juego formando conjunto. Restan la condición de mueble de estilo, el mármol roto o sustituido, los dorados repintados con purpurina, las faltas de talla y chapa, la tornillería moderna y las restauraciones agresivas. Como en todo el mobiliario, la autenticidad y la integridad mandan sobre el efecto decorativo.
Conservación y restauración
La consola agradece un ambiente estable: el calor seco de la calefacción levanta el chapado y abre la madera. Esta se nutre con cera neutra, evitando barnices plásticos que sellan la superficie y desvirtúan la pátina. El dorado al agua es delicadísimo y no se limpia con agua ni productos ni, por supuesto, se repinta con purpurina: un dorado deteriorado lo trata un dorador-restaurador. El mármol se limpia con agua y jabón neutro, sin ácidos —ni limón ni vinagre, que lo manchan—, y una rotura del sobre la reintegra un especialista en lugar de sustituirlo sin más por un mármol moderno, que resta autenticidad. Cualquier intervención de envergadura —rechapar, reintegrar talla, rehacer dorados— pertenece al taller de un especialista en mueble antiguo.
La consola del XIX se valora por su factura, su época y su integridad, no por su estampa. Talla viva, chapado de calidad, dorado al agua original y, sobre todo, el sobre de mármol propio separan el mueble de época del de estilo. Conservarse con su espejo o cornucopia a juego suma mucho; el mármol sustituido y el dorado de purpurina restan.